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PsicologíaMentalidad

Cómo quitar la ansiedad

Alejandro Lloveras Sauras7 min de lectura

¿Alguna vez has sentido ansiedad y has intentado todo lo posible para hacerla desaparecer? ¿Lo conseguiste? ¿Cuánto tiempo llevas queriendo dejar atrás esa sensación?

Puede que tus respuestas sean parecidas a estas: “Es un infierno vivir con la ansiedad”, “Hago todo lo posible para que desaparezca y sigue ahí”, “Llevo años intentando quitarme esta sensación y noto que cada vez voy a peor” o “Ni con fármacos me la quito”.

Bien, en este artículo voy a enseñarte cómo controlar la ansiedad y, sobre todo, empezar a vivir una vida más tranquila y con una mayor fortaleza mental para afrontarla y observarla desde otra perspectiva.

¿Qué es la ansiedad?

Es una reacción emocional normal y un mecanismo de defensa natural frente al estrés. Hay dos tipos que se diferencian por la función que cumplen y el impacto que pueden tener en la persona: ansiedad adaptativa y ansiedad patológica.

Ansiedad adaptativa

Este tipo actúa como un sistema de alarma a corto plazo. Te prepara para enfrentar una situación importante, desafiante o peligrosa en un momento determinado. En otras palabras, tiene una causa clara, ayuda a reaccionar de manera saludable y desaparece cuando la situación ha pasado.

Puede aparecer en entornos laborales, como antes de una entrevista de trabajo. También puede aparecer ante una situación peligrosa y elevar nuestro estado de alarma para ayudarnos a reaccionar o huir.

Ansiedad patológica

Como comentábamos en el punto anterior, la ansiedad adaptativa es un estado de alarma natural. Cuando se desregula o desconfigura, ocasiona un trastorno que se activa sin que exista una amenaza o peligro real.

Esta desregulación viene provocada por amenazas imaginarias o exageradas respecto a lo que realmente se está viviendo. Suele generar un gran sufrimiento en la persona que la experimenta y llega a interferir en la vida diaria.

Como puedes comprobar, la ansiedad es una emoción totalmente normal y natural del ser humano. La clave no está en hacerla desaparecer o erradicarla totalmente, sino en saber convivir con ella y, con un razonamiento continuado, manejarla y controlarla a través de nuestros pensamientos.

Cuando hablo de pensamientos, me refiero a dar la importancia justa y necesaria a las cosas que nos van ocurriendo en la vida. Aquí influye mucho si pensamos desde la abundancia o desde la escasez. Lo trataremos en otro artículo.

Canalizando la ansiedad

A diferencia de la depresión, la ansiedad es un sentimiento de agitación. Esa agitación genera energía y esta se puede canalizar de dos maneras: Orden y Caos.

Antes de explicar qué hábitos encajan en cada uno de ellos, me gustaría aclarar que la ansiedad puede llevarse a un estado de crecimiento o de destrucción. Esto se debe a que podemos afrontar y aceptar la ansiedad poco a poco e iremos revitalizando nuestro ser, o podemos huir y no aceptar el sentimiento, provocando una reacción contraria a lo que queremos conseguir.

Querer huir y no aceptar lo que sentimos crea un círculo tóxico que cada vez se hace más grande. Es decir, esta conducta puede aliviarnos a corto plazo; sin embargo, nuestro cerebro la va a interpretar como una situación peligrosa y, por tanto, aumentará la sensación de miedo y de terror.

En cambio, enfrentar la ansiedad y permitir que conviva con nosotros creará un nuevo hábito mental. Nuestro cerebro comenzará a relacionar esa situación con la idea de que no existe un peligro real. Esto nos ayudará a estar más conscientes y calmados y, por este motivo, la ansiedad acabará desapareciendo.

Una vez aclarados estos puntos, te estarás preguntando: ¿qué hábitos son los que me hacen tener más orden o más caos en mi vida?

Te los desgloso a continuación:

Orden

Argumentación racional y consciente

Es importante dejar de terribilizar las situaciones de la vida y saber que todo tiene solución, excepto la muerte. Es una cuestión de actitud que siempre va acompañada de una renuncia consciente.

Actividad física

Practicar deporte o pasear es fundamental para canalizar la ansiedad. Es importante reeducar nuestro sistema nervioso; por ello, al terminar una actividad física, el cerebro interpreta que “hemos escapado del peligro”. Además, nos beneficiamos de la secreción de hormonas como las endorfinas, la serotonina y la dopamina.

Meditación

Practicar mindfulness o respiración consciente nos ayuda a comunicarle a nuestro sistema nervioso que todo está bien.

Primero calma nuestro nervio vago, provocando un sistema de recuperación que nos ayuda a estar en el aquí y ahora. Además, estudios de neurociencia han mostrado cómo la meditación constante reduce físicamente el tamaño y, por tanto, la reactividad de la amígdala (región del cerebro responsable de disparar el miedo y la ansiedad). También han demostrado cómo la corteza prefrontal (área del cerebro encargada de la lógica, la concentración y el control de los impulsos) se vuelve más densa, lo que permite una mayor capacidad mental para observar los pensamientos y controlar nuestro comportamiento hacia ellos.

Caos

Cuando huimos de la ansiedad, nos adentramos en el círculo tóxico mencionado en párrafos anteriores. Son conductas o hábitos a los que solemos recurrir porque no soportamos sentir la ansiedad y buscamos que nos calmen.

Esto es un error porque, al “calmarnos”, solo nos hacemos la ilusión de que algo externo va a aliviar nuestro malestar.

Estos hábitos neuróticos suelen ser los siguientes:

Drogas

Todo aquello que utilizamos para desinhibirnos, como el alcohol, el tabaco, la cocaína u otro tipo de sustancia, puede aliviar la ansiedad a corto plazo, pero no nos permite trabajar los mecanismos internos a largo plazo.

Fármacos

Los ansiolíticos, bajo mi punto de vista, son unos medicamentos trampa que nos venden. Nos dan una sensación de calma en las primeras tomas, pero, a medida que el cuerpo se acaba adaptando, se tiene que subir la dosis o uno acaba desesperado porque no le hacen efecto.

Esto le transmite al cerebro que queremos huir de la sensación y, por ende, acaba viéndola como peligrosa, dejándonos con más ansiedad y, por lo tanto, con más miedo a la sensación por no marcharse. Acabas teniendo miedo al propio miedo.

Cualquier tratamiento farmacológico debe estar indicado y supervisado por un médico. No cambies la dosis ni suspendas la medicación sin consultarlo previamente con un profesional sanitario.

Masturbación

Existe la masturbación compulsiva, que funciona como un refugio ilusorio. Pensamos que después de la masturbación llega un momento de “desestrés”; sin embargo, es una conducta compulsiva que nos lleva a estar peor de lo que estábamos y, si se utilizan medios externos como el porno, pueden llegar a crear dependencia y cambios conductuales.

Trabajo

Habría que observar la obsesión por el trabajo y preguntarnos si nos estamos refugiando en él porque nos alivia o porque de verdad queremos pasar tiempo en esa actividad, ya que nos resulta satisfactoria.

Lo que me ayuda es escribir y hacer una introspección. Intento comprender si recurro a ciertas actividades porque realmente quiero hacerlo o porque intento evitar esa sensación. Por eso, acabo siendo más consciente de mi interior y de mi exterior. Intento mirar las cosas con perspectiva a corto y largo plazo; es decir, me pregunto lo siguiente: ¿esto me está haciendo huir o no? ¿Y cómo me voy a sentir después de esto?

Cada uno tiene que reflexionar sobre sus miedos e inseguridades para estar atento a cómo reacciona ante ellos y cómo los maneja emocionalmente.

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